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calebasse de Mère Nature oursin fossile




El Huevo de Oro



El huevo cósmico

El huevo cósmico se sitúa en la cumbre de las cosmogonías de diversas mitologías tanto indo-europeas como africanas y también en el cristianismo primitivo. Esto demuestra que si el «sistema» celta de configuración es indo-europeo y revela numerosos puntos comunes con el brahmanismo de la India, todavía más con el vedismo de la Antigua Persia, sus raíces misteriosas y profundas también ofrecen aproximaciones sorprendentes con la mitología egipcia y la tradición todavía actual de Dogones y Bambaras.

En la mitología hindú, el huevo cósmico, forma pre-existencial de Brahmâ, define el plano espiritual del más allá del ser y del no ser (conocido y desconocido), así como en la tradición dogon el Dios mayor separa el huevo en dos partes, el cielo y la Tierra. También el Dios de la vida, el hombre primordial, en el seno de estas mitologías tradicionales, ha sido sacrificado por los dioses con el fin de crear un mundo nuevo.

En el Orfismo, la luz (Fanès) desempeña un papel primordial en el seno del huevo. También en la mitología hindú, el huevo cósmico envuelve el embrión de oro, símbolo de la luz divina, venerada también en la Antigüedad por los sacerdotes egipcios.

Estas tradiciones ricas y venerables explican totalmente el génesis del mundo a partir del huevo del Creador y de la creación, denominado huevo de Amma o calabaza de la Madre en la África del oeste, huevo de Pascua entre los cristianos, huevo mágico o también denominado huevo de las serpientes y erizo de mar fósil entre los druidas.

El mito dogon relata que Amma el Muy Alto creó un huevo y en el interior un Dios en forma de pez siluro, Nommo, animal genésico homólogo al feto humano. Este pez Dios en el huevo se multiplica luego en cuatro parejas de dioses y de diosas. Este sistema cuadripolar forma el centro del sistema teocrático antiguo y de las numerosas tradiciones chamánicas en África Occidental.

En el antiguo Dahomey, este huevo representa empíricamente la calabaza de la Madre Naturaleza, y la cáscara simboliza el cielo y la yema interior, la Tierra. Las cuatro pequeñas calabazas registradas en el interior ilustran los cuatro elementos, análogos a los cuatro constituyentes del ADN, la fuente de toda vida, pero también las cuatro grandes fuerzas del Universo (fuerza gravitatoria, haz electromagnético, fuerza nuclear fuerte, fuerza nuclear débil).

A las fuerzas de vida que actúan en el seno de la creación, a las fuerzas genésicas (ADN primordial), se les adjudican naturalmente formas de animales prehistóricos y acuáticos. Peces, serpientes, batracios las simbolizan frecuentemente en algunos ogdoades egipcios; ogdoades que designan unas veces las ciudades, otras los elementos, y en otros casos los dioses, desvelando así la analogía entre los cuatro primeros dioses y los cuatro elementos.

En la mitología druídica, el erizo de mar es el símbolo de las fuerzas de vida, y el mito del huevo de las serpientes relata la creación del universo a partir de un huevo engendrado por la vida de las serpientes que lo envuelven (los científicos conocen este fenómeno sorprendente donde numerosas serpientes macho se enrollan alrededor de la reina madre y la fecundan).


Merlin



bois sacré

 
Por Gilles GABLAIN
Naturo-Fosfenólogo
Diplomado por la Escuela del
Dr. LEFEBURE.

Asistido por:
Lucile QUACH VAN LÊ
Diplomado en neurociencias.


Los druidas y los megalitos

La luz de los druidas

Merlin, la vuelta a los origenes

El huevo de oro

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